A la Virgen de San Juan

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En el espacio literario de esta semana, el P. Jaime Gutiérrez nos comparte algunos versos escritos en 2014 en torno a la Virgen de San Juan de los Lagos.

1DE CAMINO

Vengo rendido del camino,

triste y llorando con la aurora.

Corté toda la noche estrellas,

para Ti, mi bella Señora.

Descalzo de los pies al alma,

cubrí con polvo mis pecados,

y al sol dejé que los quemara,

para que sean olvidados.

Vengo empujado por mis penas,

alirroto y sin esperanza,

y busco sólo en tu regazo

que más tu amor me dé confianza.

Vengo rumiando mi pasado,

triste y anhelando tu cobijo.

Vengo deseoso de besarte

para sentirme de nuevo, hijo.

Hasta tu templo vengo, Madre,

muy creído en los que creyeron.

Son tantas maravillas que haces

que vuelven los que más vinieron.

 

2FRENTE A TU TEMPLO

Ya de lejos, finas, se estampan

sobre el lienzo azul tus torres,

Repican plata las campanas;

Canta el rebaño que socorres;

Y yo, con ellos, lloro,  rezo,

saludo y agito mis palmas;

Al sacro remolino me meto;

al santísimo enjambre de almas.

Y al verte, así de pequeñita,

hecha, Tú, toda a mi medida,

cercana te siento y muy mía,

tierna mujer, de Dios, vestida.

 

3ORACIÓN

Mi dulce Niña San Juanita,

flor perfumada y suave brisa.

Eres rayito de luz que cura

y eres sonrisa que cautiva.

Eres regazo de amor y altar

de mis rezos, “¡Ave María!”

Eres, de mis lágrimas, pañuelo,

y de mis ruegos, alcancía.

 

Agradecido y de rodillas,

hasta Ti vengo, madrecita,

y son mis lágrimas mi voto

sobre esta pobre laminita.

Mucho es lo que Tú me has dado

y poco lo que yo te ofrezco,

pero, Madre, yo soy tu hijo,

dame tu amor que no merezco .

 

Aquí estoy, enternecido,

y sin poder dejar de verte,

lo que quiero decirte es mucho

y mucho deseo tenerte.

¡Oh Dulce madre! no te alejes,

de nosotros jamás te apartes

y nunca solos ¡ay! nos dejes.

 

4DIOS TE SALVE VIRGEN DE SAN JUAN

Dios te salve, de San Juan

Reina y Madre de bondad.

Dios te salve, ¡gran Señora!

Azucena virginal.

Hoy, tus hijos sanjuanenses,

reclaman tu gran piedad,

y te ruegan, amorosos,

nunca, los dejes de amar.

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