Nuestros hijos crecen y se van ¿Y qué hacemos nosotros?

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Es muy difícil darnos cuenta que nuestros hijos van creciendo y que debemos dejarlos volar con sus propias alas, pero es necesario hacernos a la idea, ya que los hijos son prestados, Dios los puso en nuestras manos para que los eduquemos, los llenemos de amor y los encaminemos para que cuando llegue el momento, ellos puedan volar con sus propias alas para cumplir con la misión que Dios les ha encomendado.

Todo esto es un proceso que debemos vivir con alegría y para lograrlo aquí te dejo mis 5 Tips, que espero te sean de utilidad.

1Los hijos son una bendición.

Antes que todo, debemos tener muy claro que cada uno de nuestros hijos son una bendición y que debemos procurarles cuidados y atención. Nosotros como papás tenemos la obligación de atenderlos, cuidarlos, darles lo necesario para vivir dignamente, cuidar de su salud y darles la educación necesaria para la vida. Pero además, y principalmente, lo que debemos darle a nuestros hijos es amor, ya que con el amor se puede suplir y rellenar cualquier carencia.

Si nuestros hijos ven que todo lo hacemos con amor, podrán ser capaces de valorar lo que les damos o lo que no les damos por su bien. A los hijos hay que educarlos con un poco de hambre y un poco de frío, así estamos formándoles el carácter que tanto se necesita para afrontar adecuadamente los diferentes acontecimientos de la vida cotidiana.

2Los hijos son prestados.

Pensar que los hijos estarán con nosotros toda la vida es un error, porque los hijos crecen y poco a poco se van alejando de nosotros.

Cuando estudian los deberes y compromisos que la escuela les impone los aleja un poco de nosotros. Después, cuando son jóvenes, los grupos sociales y sus actividades los van alejando más, al grado de tener ellos una agenda y nosotros como papás otra, la cual a veces es muy difícil empatar.

Nosotros debemos permitirle a nuestros hijos poco a poco tener estas actividades en un ambiente controlado para que cuando deban salir al mundo les sea más fácil ese cambio. Si los mantenemos pegados a nosotros en todo momento les estamos evitando que crezcan y maduren, esto al revés de nuestras intenciones, les hace un daño terrible porque los incapacita para tomar decisiones y afrontar la vida correctamente.

3Los hijos tiene una misión propia.

Es importante darnos cuenta de que cada hijo tiene una vocación personal y una misión personal en la vida, por lo que es necesario ayudarles a descubrirla e impulsarlos para que la desarrollen al máximo conforme a lo que Dios quiere de ellos.

En muchas ocasiones, nuestros hijos no son felices porque nosotros les imponemos lo que tiene que hacer o a lo que se tienen que dedicar en la vida, sin tomarlos en cuenta.

Si nos damos cuenta de que uno o varios de nuestros hijos tienen vocación religiosa o sacerdotal debemos hacernos a la idea de que ese es su camino y no tratar de ponerles obstáculos porque nosotros no podemos con la idea de que se vayan de nuestro lado tan pequeños.

4Vive tu proceso de duelo.

Cuando los hijos se van, nosotros los papás entramos en una etapa de duelo, es decir, de una pérdida física, pues el alejamiento es no sólo físico, sino que también emocional y nos llegamos a sentir un tanto tristes. Debemos estar conscientes de que el proceso del duelo puede durar más o menos dependiendo de cada persona y de la actitud que tengamos ante la vida.

5Acompáñalos en su camino.

Una vez que pasamos por el proceso del duelo es importante brindarles nuestro apoyo y acompañamiento, porque, si es difícil para nosotros todo esto, imagínate para ellos que apenas están aprendiendo a vivir su vida. Por eso es básico que los acompañemos, hacerlos sentir que estamos con ellos y que los apoyamos en sus decisiones es muy importante para nuestros hijos. Vayamos a un lado de ellos, no adelante para jalarlos ni atrás para empujarlos, sino a un lado para apoyarlos y brindarles nuestro consejo y orientación en caso de que nos la pidan o veamos que lo necesiten.

Los papás debemos ser como un faro que está presente a pesar de todo, a pesar de las tormentas y de las vicisitudes de la vida, pero que nuestros hijos saben que si voltean a vernos ahí estamos para orientarlos y mostrarles cuál es el camino más adecuado para llegar a buen puerto en la aventura de la vida.

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