ORDENACIÓN PRESBITERAL ¡EL SEÑOR HA ESTADO GRANDE CON NOSOTROS Y ESTAMOS ALEGRES!

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Seminario Diocesano

¡El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres! Cómo no experimentar esta sensación si por gracia de Dios han sido ordenados Presbíteros: José Sergio Aceves, Eduardo Barba, Antonio Carbajal, Elías Gómez, Erik García, Luis Jairo Hernández, Javier Lomelí, Horacio Monreal, Diego Antonio Ortega, José de Jesús Padilla, Julio César Pérez y Juan de Dios Torres.

Este sábado, antes del mediodía, en la solemne Eucaristía presidida por nuestro Obispo Jorge Alberto Cavazos Arizpe en las instalaciones de la Casa Pastoral Juan Pablo II, en San Juan de los Lagos, estos doce Diáconos recibieron el Orden del Presbiterado, haciéndolos sus colaboradores en la labor de apacentar el rebaño de Dios.

Muchos fueron los signos que nos hicieron sacramentalmente presente a Cristo sacerdote. Vivir una Ordenación sacerdotal nos ayuda a comprender la labor de Cristo por nosotros. Además de lo propio del rito de Ordenación, se tuvo la entrada solemne de la imagen de la Virgen de San Juan y la entrega de regalos por parte de la Diócesis de Puerto Escondido. Terminada la celebración se compartieron los alimentos en la misma Casa de Pastoral y en el Seminario Mayor.

Mediante la imposición de las manos por parte del Obispo, fueron ordenados sacerdotes para siempre, y mediante las de los Presbíteros presentes se les acogió en el Presbiterio como signo de comunión, fraternidad y solidaridad; sus manos fueron ungidas con el Santo Crisma que fue consagrado en la Misa Crismal; fueron revestidos con las vestiduras sacerdotales: la estola y la casulla; se les entregó la ofrenda del pueblo santo de Dios para ofrecer el sacrificio eucarístico; se les concedió la autoridad depositada en la Iglesia por Cristo para administrar el perdón de los pecados; prometieron obediencia y respeto al Obispo y a sus sucesores; en una sola palabra, han sido más incorporados en Cristo Sacerdote, Cabeza y Esposo de la Iglesia.

De entre el Pueblo de Dios, un día, cada uno de ellos fueron llamados a seguir a Jesús, y ahora regresan a servir a este mismo Pueblo de Dios. Es por eso que sea de gran importancia orar siempre por cada uno de los sacerdotes, pues llevan un tesoro en vasijas de barro. Así como ahora nos llenamos de alegría por este don tan precioso de Dios, sigamos al pendiente de que este tesoro sea una luz que brille en medio de la obscuridad, y esto lo haremos, de alguna manera también nosotros, si nos comprometemos a ser sus bienhechores espirituales.

Oremos por nuestro Seminario, para que siga formando muchos pastores según el corazón de Jesús, y pidamos que vayan surgiendo las vocaciones necesarias para el servicio del Reino. Apoyemos a la formación de ellos, espiritual y materialmente, y, sobre todo, seamos promotores vocacionales y signo de la alegría del seguimiento cristiano.

Oh Jesús, Buen Pastor, ¡danos sacerdotes santos según tu corazón!