María, Madre de gracia, Madre de misericordia: ¡en la vida y en la muerte ampáranos gran Señora!

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Amparados por María Santísima y agradecidos con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, así es como feligreses y sacerdotes glorificaron a la Santísima Trinidad por el centenario del inicio como  vicaría de lo que hoy es  la parroquia de Nuestra Señora de la Luz, en Lagos de Moreno.

La celebración Eucarística fue presidida por el señor cura de la parroquia de la Inmaculada Concepción del Pueblo de Moya, Eduardo González Vázquez, y concelebrada por el también señor cura de la parroquia de Nuestra Señora de la Luz, Gregorio Martínez Gómez.

“Queridos hermanos, celebremos con un corazón agradecido el centenario de la vicaría de la Virgen de la Luz. A los pies de esta imagen bendita, rodeada de afecto y de devoción de todos sus devotos, celebramos el misterio de la Eucaristía centro, raíz y corazón de la vida cristiana. Honramos a la virgen en su advocación de la Luz como patrona de nuestra comunidad, como madre amorosa dispuesta siempre a cuidar de sus hijos; atenta para descubrir y atender a sus necesidades. Madre que protege a los suyos, a todos aquellos que se acogen a su protección”, comenzó su predicación especial el párroco, Gregorio Martínez Gómez.

Fue el 30 de enero de 1918, cuando el Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, aceptó la petición del señor cura de la parroquia de la Asunción, Luis Macías, de permitir la presencia fija de un sacerdote en el templo de Nuestra Señora de la Luz para ofrecer un mejor servicio a las comunidades. El primer responsable de esta vicaría fue el presbítero Rosalio López.

“Hoy acudimos a este bello templo de la virgen de la Luz, para agradecerle sus favores de madre; para agasajarla como buenos hijos y pedirle que siga protegiendo a esta parroquia y a todos los que acuden a ella y a todos los que han pertenecido a ella, a todos sin excepción. Qué siga ejerciendo con todos sus buenos servicios de madre buena, de madre misericordiosa a cada uno de nosotros. Esta es la razón de nuestra presencia en este día”, expresó conmovido el señor cura, Gregorio Martínez.

Hoy, cien años después de este suceso, la parroquia de Nuestra Señora de la Luz no solo atiende a miles de devotos, sino que ha trabajado por la construcción de otros templos, la Casa del Migrante, entre otras actividades para seguir llevando la Buena Nueva a los fieles, que sin duda, durante esta semana de celebración mostraron su agradecimiento a los sacerdotes vivos y difuntos que en su momento ofrecieron el sagrado viático y han trabajado por esta comunidad, tal es el caso del presbítero Eduardo González, quien es originario de esta parroquia y ahora trabaja por el Reino de Dios desde el templo parroquial del Pueblo de Moya.

La celebración concluyó con la bendición de los estandartes de las comunidades que participaron a lo largo de este ramillete de celebraciones Eucarísticas (El Mosco, El Ejido del Carmen, El Conejo, San Antonio Buenavista, El Soyate, entre otras).

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