Somos los pobres mexicanos la riqueza de unos cuantos

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En la segunda jornada del Foro Económico Mundial en Davos, en el informe sobre la situación mundial de los pobres se dieron números estremecedores acerca de la inhumana desproporción que hay entre los más ricos del mundo y el infinito número de pobres que hay en todos los países, también en México.

Nuestras grandes urbes se levantan sobre cimientos de sangre y lágrimas de millones de pobres explotados. Nunca como hoy hay tan grandísima desigualdad entre los que más tienen y los que nada tienen. Un 20% tiene lo que, juntos, tienen un 80%. Los mil más millonarios del mundo, amasan una fortuna que una tercera parte de los pobres habitantes de esta tierra, juntando su mísera parte, apenas tienen.

Y analizando las causas, estos ricos, abundan en dinero porque gozan de todos los privilegios y corrupciones que se pueden comprar con el dinero. Por ejemplo la evasión de impuestos, la congelación del salario mínimo, las ofertas de negocios con gobernantes corruptos que quieren entrar a ese grupo de multimillonarios.

Y México, desgraciadamente, no podía quedarse atrás en cuanto a la gran desigualdad entre ricos y pobres, con más de un 50% de mexicanos pobres y con el orgullo de tener entre los mil más millonarios del mundo, a algún mexicano.

Hemos de reconocer que una oligarquía nos domina y nos gobierna. Son los empresarios y los gobernantes, que terminan siendo empresarios, los que reparten la mejor y la mayor parte de los bienes comunes de los mexicanos. Por poner un ejemplo, defender el más bajo salario, para aumentar sus dineros, nos ha llevado a tener los mexicanos un salario mínimo miserable, más bajo que el de los mismos chinos, con fama de ser el más bajo.

Nunca, como hoy, se han destapado tantos gobernantes corruptos, y los que faltan por destapar, que han malgastado el dinero del pueblo para su provecho. Hoy, más claro se percibe el afán de tantos que luchan por el poder, no para servir al pueblo sino para servirse del pueblo.

En esta época de tantos avances técnicos portentosos, la religión del capitalismo nos ha deshumanizado. Ya no es el hombre el centro sino la acumulación de bienes. Vivimos a costa de desposeer a las mayorías, arrojándolas al hoyo negro del hambre y la indigencia. No podemos considerarnos hombres buenos cuando somos la causa de muchos pobres;  cuando condenamos a pueblos enteros a la pobreza permanente. Un gobernante que no respeta los bienes del pueblo, habría que condenarlo a ser pobre para siempre.

No votemos por quienes pretendan un progreso a costa de los pobres mexicanos; a los que solo los utilizan como carnada para arrebatarles su voto.

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